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jueves, 3 de mayo de 2012

La desaparición de cosmonautas en la Unión Soviética

http://lhtrans.blogspot.com.es/2010/02/la-desaparicion-del-cosmonauta-valentin.html


Nelyubov, uno de los cosmonautas aparentemente desaparecidos.

La constante tozudez del gobierno soviético en ocultar todas sus actividades se llevó también al ámbito de la exploración espacial. Todo ello y ante un mundo nuevo, misterioso y desconocido, que ahora se abría a los ojos de la humanidad, hizo que afloraran multitud de leyendas en torno a esta actividad. A parte del recurrente avistamiento de ovnis que tuvo sus momentos álgidos en aquellos años sesenta, las constantes desapariciones de cosmonautas llenaban de un halo morboso toda la industria espacial.

Ya en los años 70, investigadores como James Oberg o Rex Hall, descubrieron que muchas de las fotografías que aparecían en la historiografía soviética habían sido retocadas, eliminando de ellas a cosmonautas desconocidos, que sí aparecían en las fotografías originales. A priori nadie sabía o se atrevía a decir quienes eran aquellos personajes desconocidos y los motivos por los cuales habían sido borrados, pero con el tiempo y la desaparición de la Unión Soviética, poco a poco en constantes entrevistas a viejos cosmonautas fueron saliendo a la luz los nombres y los motivos por los que fueron obviados por el ejército rojo. Quizás una de las fotografías más interesantes en este sentido sea la realizada en mayo de 1961 en Sochi, a orillas del Mar Negro. En aquella fotografía de grupo aparecen 22 personas, sin embargo en la fotografía oficial la cifra se reduce a 16. Era de esperar que estas situaciones provocaran el afloramiento de rumores que corrían de boca en boca por la Unión Soviética, sin fundamentos de peso que los avalaran, pero que son la comidilla de los conspiranoicos, y terminan arraigando en la población ávida de morbo y misterio. Los seis cosmonautas desaparecidos eran: Grigoriy G. Nelyubov, Ivan N. Anikeyev, Valentin I. Filatyev, Mars Z. Rafikov, y Dmitriy A. Zaykin, y el instructor de paracaidismo Nikolay Nikitin. Las razones de estas desapariciones distan mucho de deberse a accidentes, salvo en el caso ya tratado en este blog de Valentín Bondarenko, el cual falleció con motivo de un accidente en el transcurso de una prueba previa al vuelo espacial. Al objeto de evitar cualquier descrédito mundial, el sistema lo que hacía era desaparecer todas las pruebas que mostraran los errores cometidos, para ello se borraban de todos los registros los nombres de los cosmonautas afectados, demostrando así que esas personas nunca estuvieron en el cuerpo de cosmonautas.


 Vease la desaparición de Nelyubov en la segunda fotografía.

El caso de Nelyubov, Anikeyev y Filatyev, se debió al enfrentamiento que tuvieron con la policía un día de borrachera, terminando en la cárcel y con un parte militar. Una vez aclarado que se trataba de cosmonautas, los responsables pidieron a los militares que no les abrieran un expediente. El oficial al mando accedió a la petición, siempre y cuando pidieran disculpas a la patrulla. Anikeyev y Filatyev accedieron rápidamente, pero el orgulloso Nelyubov se negó: era un cosmonauta de la Unión Soviética, y no iba a rebajarse ante un simple puñado de soldados. Aireado, el oficial tramitó los expedientes que cuando llegaron al general encargado del entrenamiento de cosmonautas firmó la expulsión del cuerpo de los mismos.
Algo parecido le ocurriría a Mars Raficov, un hombre mujeriego y difícil que se vio envuelto en altercados y ofensas al cuerpo, por lo que también fue apartado del grupo de cosmonautas.
El caso de Zaykin sería bien distinto ya que su problema sería de salud al detectarle una serie de úlceras recurrentes. Esto sería suficiente para apartarle de la disciplina espacial.
Por último, la desaparición del entrenador de paracaidismo Nikitin, se debió a una lesión ocurrida en un salto. Esta manía persecutoria también fue razón suficiente para proceder a su eliminación de las fotografías oficiales.
A parte de estos personajes hubo muchos más, todos ellos por problemas de indisciplinas y de salud, pero su expulsión del programa espacial está perfectamente aclarado, aunque en aquellos días sirvió de motivo para las más variadas especulaciones. Todo esto, lejos de limpiar la imagen del sistema lo único que hacía era oscurecerla aún más, con historias rocambolescas que aún hoy en día siguen arraigadas en la población.

Pero aparte de este asunto de las fotografías, existen decenas de leyendas sobre cosmonautas muertos en misiones espaciales, como son los siguientes casos, según datos del historiador James Oberg:
El primer caso de un cosmonauta muerto sería el de Ledovsky que muere en el primer vuelo espacial tripulado en 1957. Se dijo que había muerto realizando un vuelo suborbital de prueba, cuando la Unión Soviética no realizó ningún vuelo de este tipo, se pasó directamente a orbitar la Tierra.
El segundo caso sería el del cosmonauta Shiborín, fallecido en 1958, y nuevamente en 1959 fallecería Mitkov. Ambas muertes aparecerían en una relación aportada por la agencia italiana de noticias Continentale, pero no se tiene ningún tipo de evidencias de las mismas.
En 1960 un cosmonauta de nombre desconocido quedaría perdido en el espacio al fallar la maniobra de salida de órbita.
En septiembre de ese mismo año otro cosmonauta moría al estallar su cohete en la rampa de lanzamiento, se le identificaría como Pyotr Dolgov. También se diría de él que moriría en una prueba del traje espacial, para lo cual ascendió a 28 kilómetros de altura y al rompérsele el casco moriría asfixiado.
El 4 de febrero de 1961, radioaficionados escuchan latidos de corazón provenientes del espacio, los cuales se detienen bruscamente. Se llegaron a dar incluso los nombres de los cosmonautas, tratándose de: Belokonev, Kachur y Grachev.
Un caso perfectamente ilustrado es el de Vladimir Ilyushin, el cual es considerado como el primer hombre que viajó al espacio el 7 de abril de 1961. Ilyushin después de tres orbitas a la Tierra, aterrizaría en territorio Chino sufriendo heridas de cierta consideración, siendo más tarde repatriado.  Sin embargo hay serias razones para no creer esta alegación, ya que las relaciones políticas entre chinos y soviéticos eran en aquel momento bastante tensas y sería de esperar que los chinos dieran a esta intromisión un carácter propagandístico. De Ilyushin también se dijo que tras su accidente quedó en mal estado mental, por lo que decidieron no presentarlo al mundo y realizar otra misión con Gagarin. Según James Oberg (uno de los historiadores más fiables), no existe ninguna evidencia que confirme esta historia. Parece ser que Ilyushin existió realmente pero no como cosmonauta, y que en aquellos días se encontraba en un complejo chino recuperándose de un accidente de tráfico.
En mayo de 1961 se captan en Europa débiles señales de socorro, procedentes de una nave espacial en órbita con dos tripulantes a bordo.
El 14 de octubre de 1961, una nave soviética con tripulación múltiple es sacada de su órbita por una intensa actividad de viento solar, perdiéndose en el espacio.
En noviembre de 1963 sería una mujer la que perdería la vida en una misión espacial.
Posteriormente al accidente del Apollo 1 en 1967, los servicios de inteligencia norteamericanos descubren cinco vuelos espaciales soviéticos con consecuencias mortales, y seis accidentes en tierra con el mismo resultado. 
Pero una de las leyendas urbanas mas populares fue la del cosmonauta Iván Istochnikov, creada por el fotógrafo español  Joan Fontcuberta, el cual a pesar de repetir hasta la saciedad su falsedad, aún hoy en día sigue circulando como verídica, tal es el caso del programa de televisión Cuarto Milenio que en junio de 2006 la daba por buena, al igual que también haría lo propio el diario El Mundo. Después del accidente de la Soyuz 1, se lanzaría la número dos en servicio de prueba y sin tripulación. Según Fontcuberta esta iría tripulada por Istochnikov, el cual sería encontrado muerto por la Soyuz 3, tripulada oficialmente por Georgi Beregovoi. Pero la trama de esta historia se urdiría entorno a un montaje fotográfico en el cual aparece Joan Fontcuberta representando al cosmonauta Istochnikov y luego desapareciéndolo en otras fotografías. 
 Fotomontaje del fotógrafo español Joan Fontcuberta.
Otro caso rocambolesco es también el de la Soyuz 3, que según la enciclopedia Encarta, llegaría a la Luna orbitándola en 60 ocasiones. Claro está que los soviéticos en aquellos años no tenían un lanzador lo suficientemente potente como para llegar a la Luna. 
Hoy en día toda la historia del programa espacial tripulado soviético ha sido desclasificada, y existen multitud de memorias de cosmonautas, ingenieros, técnicos, entrenadores, etc. que avalan lo sucedido en aquellos años. Hoy en día sabemos perfectamente quien estaba en el equipo original de cosmonautas, quien nunca voló, fue despedido, o resultó muerto tanto en vuelo como en tierra, y solamente se ha constatado la ocultación de una muerte, que fue el caso ya comentado de Valentín Bondarenko. De todas formas a la gente le resulta más atractivo creer que todo esto existió, y que su ocultación es fruto de gobiernos misteriosos que ocultan realidades absurdas.

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jueves, 19 de enero de 2012

Neil Armstrong y el Sr. Gorsky

Neil Armstrong en una de tantas conferencias

Fundamentalmente el secretismo conque la Unión Soviética llevó acabo el programa espacial, hizo que en torno a toda esta actividad existiera un cierto morbo, y fundamentalmente fue caldo de cultivo para los conspiranoicos que hicieron aflorar todo tipo de historias. Una de ellas, aunque en esta ocasión perteneciente al bando norteamericano, es la que cuenta en su blog, y aquí os transcribo, el especialista en exploración espacial Javier Casado. Dice así:

Durante años, las últimas palabras que pronunció Armstrong en la Luna resultaron un misterio para todos los que pudieron escucharlas, tanto entre el público en general como dentro de la propia NASA. Mientras se preparaba para subir por última vez la escalerilla del módulo lunar, poco antes de despegar para volver a la Tierra, Neil Armstrong pronunció cuatro enigmáticas palabras: “Good luck, Mr. Gorsky”. Buena suerte, Sr. Gorsky.
Esa frase desconcertó durante años a todos aquellos que habían seguido en detalle la misión del Apollo 11. En principio, casi todos creyeron que se trataba de algún cosmonauta ruso rival, a quien Armstrong deseaba suerte tras haberlo vencido en la carrera por llegar a la Luna. Pero nadie pudo encontrar nunca un nombre parecido entre los involucrados en el programa espacial ruso. Por todos los Estados Unidos surgieron investigadores que buscaron también si alguien entre los técnicos de la NASA se apellidaba Gorsky, o si esta frase podría haber sido parte de algún código secreto acordado entre el Control de la Misión y los astronautas del Apollo para transmitir alguna información codificada. Durante años, multitud de técnicos de la NASA fueron consultados sin éxito: según sus declaraciones, las últimas palabras de Armstrong en la Luna les habían desconcertado tanto como al público en general. El propio astronauta sería preguntado sobre ello en multitud de entrevistas a lo largo de los años, a las que solía responder con una simple sonrisa y el silencio, o, en el mejor de los casos, con evasivas. Pasaban los años y el misterio permanecía sin aclarar.
Finalmente, en 1995, 26 años después de que ocurriera todo, la verdad salió a la luz. El 5 de julio de ese año, Armstrong era entrevistado en la CBS por el famoso presentador Walter Cronkite, quien, íntimo amigo de Armstrong, le preguntaría una vez más por la misteriosa frase. Sólo que esta vez la reacción de Armstrong sorprendió a todos:
“Bien, es cierto que durante años me habéis estado preguntando qué significaban esas enigmáticas palabras, y durante todos estos años me he sentido obligado a no dar la respuesta, al sentir que era algo extremadamente confidencial. Pero hoy la situación ha cambiado. Desde hace unos meses, Mr. Gorsky ha muerto, y creo que ahora ya no importará que revele lo que significó aquella frase”.
Con Cronkite y todos los espectadores pendientes de cada una de sus palabras, Neil Armstrong procedió entonces a contar la historia que había detrás de la última frase que se pronunció sobre la Luna al final de la misión del Apollo 11:
Siendo un niño, Neil Armstrong estaba jugando al béisbol con su hermano en el jardín de su casa en Wapakoneta, Ohio. En una ocasión, tuvo que ir a recoger una pelota que había ido a caer junto a la casa de sus vecinos, bajo la ventana del dormitorio; entonces escuchó los gritos de una discusión dentro de la casa. Era la señora Gorsky, que gritaba a su marido: “¿Que quieres que te chupe qué? ¿Me estás pidiendo que te haga sexo oral? ¡Tendrás sexo oral el día que el chico de los Armstrong ande sobre la Luna!”
Armstrong nunca olvidó aquella frase, de modo que, mientras estaba sobre nuestro satélite, no pudo evitar acordarse del Sr. Gorsky y de si él también se acordaría de recordar a su mujer aquellas proféticas palabras. Por eso, no pudo evitar pronunciar con una sonrisa, poco antes de subir al LEM: “Buena suerte, Sr. Gorsky”.
Para seros sinceros: todo esto no es más que una leyenda urbana, y, como tal, absolutamente falsa. Armstrong nunca pronunció esas palabras. Nunca existió un Sr. Gorsky y una señora Gorsky discutiendo por sus gustos sexuales mientras los escuchaba un futuro astronauta, y nunca ningún presentador preguntó a Armstrong por una frase que nunca pronunció. Pero, reconozcámoslo, es una historia mucho más divertida que las demás historias conspiranoicas que rodean las misiones a la Luna. Y es una historia que aún a día de hoy sigue corriendo por los Estados Unidos, con bastantes personas que aún creen que todo esto sucedió de verdad. Como digo, al menos te hace sonreír.

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martes, 3 de enero de 2012

La carrera espacial

Nave Vostok con su esclusa de salida al exterior.

“La carrera espacial” fue una de las controversias más representativas de la Guerra Fría. Las dos superpotencias mundiales nacidas en la Segunda Guerra Mundial, la URSS y los Estados Unidos, buscaban maneras de mostrarse al mundo como dos sistemas económicos perfectos, en este caso el nivel tecnológico parecía ser el termómetro que marcara las diferencias. Sin embargo, solapadamente dejaban entrever el potencial armamentístico de sus misiles. La excusa ahora era ser los primeros en llegar a la Luna. Ambas naciones se embarcarían en una empresa descomunal, con unos presupuestos jamás superados y que hoy en día serían inadmisibles.
Las posiciones eran muy distintas y el aperturismo informativo iba a jugar una baza muy importante, sobre todo para el bando soviético. Mientras estos conocían por la prensa todos los movimientos de sus rivales, los americanos se enteraban a duras penas a través del espionaje de las maniobras previstas en el lado comunista. En esta tesitura el 4 de Octubre de 1957 la URSS pone por sorpresa en el espacio el primer satélite creado por el hombre. De esta manera los soviéticos dan el pistoletazo de salida y se colocan por delante de los americanos, una posición a todas luces ficticia o mejor dicho teórica, que aún hoy en día se da por muchos como buena.
La situación era la siguiente: Por el lado soviético se encontraba al frente del programa espacial Serguei Korolev, un ingeniero que permaneció siempre en el anonimato por cuestiones de seguridad. Por otro lado existían otros pequeños grupos que rivalizaban por conseguir pequeños contratos. Y en el lado americano se encontraba Werner Von Braun con su equipo de científicos alemanes capturados en la II Guerra Mundial, y un inexperto grupo de ingenieros americanos dependiente del ejército estadounidense. A principios de 1957, tanto Korolev como Braun estaban perfectamente capacitados para poner un satélite en el espacio, solo faltaban los trámites burocráticos, el primero que los solucionara pasaría a la historia. Los problemas de Werner Von Braun eran prácticamente insuperables, durante la Gran Guerra había trabajado para los alemanes, y los judíos americanos no iban a dejar que un alemán entrara en la historia con su dinero. Por su parte a Korolev solo le bastó conseguir una entrevista con Nikita Kruchev para convencerle de la gran importancia bélica que podían tener los satélites. En esta situación, la Unión Soviética sería la primera en golpear, pero técnicamente ambas potencias estaban igual de preparadas.
Ahora llegaría el siguiente paso, poner un ser vivo en el espacio. Para ello solo hacía falta un poco mas de potencia capaz de lanzar una capsula presurizada con un animal lo menos pesado posible. Y es aquí cuando hay que reconocer que los soviéticos tomaban una ligera ventaja a los americanos, ya que mientras estos últimos solo conseguían poner pequeñas cargas en órbita, los primeros lanzaban a la perra Laika con un peso total del equipo superior a 500 kgs. Sin embargo, hay que reprochar a los comunistas la poca sensibilidad con el animal, ya que la cápsula no tenía sistema de retorno con lo cual estaba condenada a la muerte, cosa que los americanos nunca hicieron con sus monos.
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Después de muchas prácticas de seguridad con perros y monos, llegaba el momento de ser un hombre el que alcanzara el espacio. Ambas potencias iban a la par, pero las medidas de seguridad de los americanos primaban por encima de todo, un error con víctimas humanas podía provocar en el Congreso la retirada de los presupuestos para el resto de la exploración espacial tripulada. Sin embargo en la Unión Soviética esto se veía como un acto más de patriotismo, todo estaba dirigido por militares y el cosmonauta era un héroe al frente de una misión por la patria. Con la información privilegiada que tenían los comunistas sobre los pasos que seguían los americanos, solo tuvieron que esperar lo más posible y adelantarse por pocos días. Así el 12 de abril de 1961, Gagarin orbitaba la Tierra por primera vez. De todas formas, también ahora la tecnología soviética adelantaba a la americana, puesto que mientras los soviéticos orbitaban la Tierra, los americanos solo salían al espacio cinco minutos y se dejaban caer.
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Fue en este momento cuando la Unión Soviética se aficionó más a batir records y a asombrar al mundo, que a perfeccionar su tecnología espacial. Habían sido los primeros en poner un satélite en el espacio, los primeros en lanzar un ser vivo, y ahora los primeros en poner un hombre en órbita. Había que seguir buscando hazañas que realizar. A partir de este momento las misiones espaciales buscaban superar el tiempo de permanencia en el espacio, y es así como ese mismo año Titov superaba las veinticuatro horas de vuelo espacial.
Las naves Vostok soviéticas y las Mercuri americanas, eran naves que no tenían maniobrabilidad en el espacio, o sea, una vez situadas en órbita se quedaban a la deriva hasta que se las frenara para dejarse caer a tierra. En este contexto, los soviéticos asombrarían al mundo con otra hazaña, la de un encuentro de dos naves en el espacio. Para ello lanzaron el 11 de Agosto de 1962 la Vostok 3, y un día después la Vostok 4, para haciendo coincidir el paso y la órbita hacer que se juntaran lo más posible. Ambas naves se situaron a unos 5 kilómetros la una de la otra, se vieron a duras penas con prismáticos, pero a los ojos del mundo se marcaron otro tanto. Esta maniobra la realizarían los americanos en 1965 con sus naves Géminis, con un control perfecto de la situación y viajando durante un tiempo una al lado de la otra con unos 5 metros de separación.
La Unión Soviética de los años sesenta era una nación claramente machista, sin embargo de cara al mundo occidental sabían que había que dar otra imagen que encandilara al público, por eso de forma apresurada prepararon un pequeño grupo de mujeres, de las cuales saldría elegida Valentina Tereskova, la cual viajaría a bordo de la Vostok 6, pero su trabajo se limitó a ser meramente una pasajera, ya que se le prohibió tocar cualquier mando de la nave, todo se hacía automáticamente desde tierra. Este hito no fue ni más ni menos que una parodia propagandística de un régimen que no admitía mujeres en su gobierno. Una vez lograda la hazaña, las mujeres serían apartadas del programa espacial hasta veinte años después. Hay que reconocer que también la sociedad americana en aquellos tiempos era machista, pero al menos no pretendían engañar a nadie.
En 1964 Nikita Kuschev es informado del inminente proyecto Géminis americano, el cual constaba de una nave tripulada por dos astronautas. Ante semejante reto y para no quedarse atrás exigía a Korolev que rápidamente preparase una nave no con dos cosmonautas, sino con tres. Quería volver a asombrar al mundo y cuando los americanos ponían a dos hombres en órbita, ellos ya estaban con tres. En aquellos tiempos Korolev estaba con los planos de la que sería la nave más rentable y segura de la era espacial, la Soyuz. Le dijo a Kruschev que era imposible y que aún le faltaba mucho por hacer. Ante la desesperada insistencia de este, ideó un plan por el que recolocaría a los pasajeros en una nave Vostok, prescindiendo del traje espacial para ahorrar espacio, y en unas condiciones realmente incómodas, sobre todo porque los pocos mandos de que disponía la Vostok ahora quedaban en zonas de difícil acceso. Así nació en un tiempo record el proyecto Voskod. De esta manera nuevamente los soviéticos el 12 de octubre de 1964 sorprendían al mundo colocando a tres hombres en el espacio.
Nave Vostok con un tripulante. Nave Voskod 1 con tres tripulantes, y nave Voskod 2 con dos tripulantes y esclusa de salida.

No era suficiente para Kuschev y nuevamente exigiría más a su ingeniero jefe. Ahora quería un paseo espacial, quería que el primer hombre en salir al espacio fuera un ciudadano soviético. Para ello el ingenioso Korolev prescinde de uno de los asientos de la Voskod, y en su lugar coloca un artilugio hinchable en forma de cilindro, el cual serviría de esclusa de presurización para la salida al exterior del cosmonauta. Hay que tener en cuenta que las capsulas soviéticas no tenían capacidad para recuperar la presión perdida. De esta manera Leonov, el 18 de Marzo de 1965 se convirtió en el primer hombre que volara libremente por el espacio. Semejante chapuza trajo como añadidura que el traje espacial de Leonov se hinchara en exceso, y a punto estuvo de no poder entrar de nuevo en la esclusa. Esta es una de tantas acciones soviéticas que por muy poco no se transformaron en tragedias.
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Esta operación la realizarían los americanos el 3 de Junio de 1965 con la Géminis 4, para lo que descomprimieron la cápsula, la volvieron a comprimir y realizaron un paseo espacial sin ningún incidente.
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A partir de este momento los soviéticos se dormirían en los laureles, mientras tanto los americanos avanzaban con paso firme y seguro ahora con el programa Géminis. Con las naves Géminis, los americanos realizarían con gran éxito todas las maniobras que luego serían necesarias para el viaje lunar. La muerte en 1966 de Korolev daría al traste con las aspiraciones soviéticas de llegar los primeros a la Luna.
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Pero estos no tiraron la toalla y pretendían recuperar el tiempo perdido con la Soyuz. Ahora vendrían las prisas y sin haber completado una serie de lanzamientos exitosos de prueba, el 23 de abril de 1967 lanzaban la Soyuz 1, para al día siguiente lanzar la 2, realizar un encuentro espacial y en vuelo hacer un cambio de tripulación de una nave a otra. Todos sabían que la Soyuz 1 aún no se encontraba en condiciones de volar, y Vladimir Komarov se encontraba en una situación comprometida según su condición de militar. El vuelo fue un auténtico desastre, nada funcionaba bien en aquella nave, rápidamente se anuló el despegue de la Soyuz 2, y se procedió a retornar la 1. Cuando ya se habían superado todos los problemas los paracaídas no se abrieron, estrellándose contra el suelo y pasando a la historia como el primer accidente en vuelo de la exploración espacial. Realmente esto no fue un accidente, más bien deberíamos de denominarlo como un crimen, un empecinamiento de los militares soviéticos que no tenían el mismo respeto por la vida que los americanos.
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Este varapalo no amedrentó a los soviéticos y siguieron trabajando a marchas forzadas por retomar la primera posición. Mientras las Soyuz perfeccionaban su tecnología, los trabajos ahora se centraban en el cohete lanzador capaz de superar la gravedad terrestre y lanzar una nave a nuestro satélite. El prototipo era al N1, un auténtico monstruo similar al Saturno V de Von Braun. Pero mientras el Saturno V no tendría ningún tipo de fallo en ninguna de las pruebas, el N1 nunca conseguiría alcanzar la estratosfera con éxito. Aquí se acabarían todas las esperanzas de los soviéticos por ganar la carrera espacial.
El trabajo de los americanos fue un trabajo serio, profesional y muy bien planificado, mientras los soviéticos se limitaban simplemente a florituras impactantes que no les llevaba a ningún lado.
En los años 60 la información sobre la situación de la carrera espacial era muy controvertida, por un lado prácticamente se sabía casi todo de la situación americana y solo se sabía de los soviéticos por sus éxitos. Con la desaparición de la URSS infinidad de historiadores y periodistas, entrevistaron a cosmonautas, ingenieros, preparadores, técnicos y todo tipo de personal relacionado con la exploración espacial soviética, estando prácticamente todos estos datos contrastados y dándose por buenos, de tal manera que al día de hoy se conoce tanto por el lado americano como por el soviético todo lo que acaeció en aquellos años.

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jueves, 10 de noviembre de 2011

Soyuz 18A. El lanzamiento mas accidentado.

Los cosmonautas Vasily Lazarev y Oleg Makarov.

Si vamos a los números, la exploración espacial a los americanos les ha supuesto 14 bajas en vuelo (los dos transbordadores), mientras que a los soviéticos solamente 4 (la Soyuz 1 y la 11). Sin embargo estos últimos siempre estuvieron continuamente al borde del desastre y en casi todas las ocasiones les acompañó la suerte. Este es uno de esos casos, el de la Soyuz 18 A.
Una vez fueron derrotados los soviéticos en la carrera lunar, estos se centraron en la creación de estaciones espaciales, cosa en la que adquirieron una gran experiencia que fue de vital importancia en la construcción de la Estación Espacial Internacional.
Ya habían puesto en órbita cuatro estaciones Salyut, cuando se disponían a enviar el segundo reemplazo a la Salyut 4. Estaba compuesto por los cosmonautas Oleg Makarov y Vasily Lazarev. Este lanzamiento se le denominó en occidente: “18 A”. Debido a que los soviéticos no asignaban un nombre oficial a sus misiones hasta que sus naves no alcanzaban la órbita terrestre. Esta misión fue abortada por lo que nunca llegaría a tener nombre, siendo conocida como “la anomalía del 5 de abril”, dejando el nombre de Soyuz 18 para la siguiente misión.
El 5 de abril de 1975, Lazarev y Makarov fueron los primeros en experimentar un fallo de un cohete lanzador durante una misión tripulada, aunque afortunadamente sin graves consecuencias.
El lanzamiento de la Soyuz se realizó con un cohete del mismo nombre. En un principio todo marchaba correctamente. Una vez agotado el combustible se desprendieron los cuatro cohetes laterales que forman la primera atapa. El núcleo central seguía ahora solo, ejerciendo el empuje necesario para alcanzar la velocidad orbital. A los 2 minutos y 40 segundos la torre de escape fue expulsada. La torre de escape consiste en unos motores colocados en la ojiva del cohete, que en caso de fallo en el lanzamiento, arranca el habitáculo de los astronautas y lo aleja del resto del conjunto. Se encontraban ya a 180 km. de altura y de producirse algún fallo la nave podía abortar el lanzamiento por sí misma. Pero a los cinco minutos del lanzamiento se terminó de consumir el propulsante de la segunda etapa, y aquí comenzaron los problemas. La separación de esta etapa y la tercera falló, entrando en funcionamiento los motores de esta última y llevando colgada consigo la segunda. Algunos de los cierres que debían de soltarse no lo hicieron y la nave volaba ahora de forma incontrolada dando tumbos. La tripulación solicitó al control de tierra que abortasen la misión, pero las señales que recibían los controladores eran tan exageradas que pensaron que se trataba de un falló de sus instrumentos. Entonces se mantuvo una desesperada discusión entre ambos grupos hasta que los equipos de seguridad de la Soyuz detectaron el problema y activaron automáticamente la secuencia dirigida a abortar la misión. A partir de este momento la nave comenzó todo un protocolo de maniobras con el fin de retornar a los cosmonautas sanos y salvos a tierra, los cuales funcionaron a la perfección. Para ello la cápsula se separó del resto del cohete y a continuación el módulo orbital, para de esta forma proceder al descenso controlado. Ya se encontraban a mas de 180 km. de altura y al velocidad era de 17.000 Km/h. Pero la posición en que se encontraba la Soyuz iba a hacer que la reentrada fuera extremadamente brusca, llegando a alcanzar aceleraciones de hasta 20 g. Como diría Makarov: “Más allá de 10 g. no puedes respirar”. Así todo, la nave seguía comportándose de forma precisa, y a los 10 km. de altura, el paracaídas se desplegó correctamente.
El problema ahora sería el lugar de aterrizaje, puesto que no hubo tiempo para realizar ninguna maniobra que llevara la capsula a un lugar idóneo. El lugar elegido por el azar fue la cordillera Altai, en la Siberia Occidental, cerca de la frontera con Mongolia en un territorio controlado por los chinos, con los cuales en aquellos momentos las relaciones eran bastante tensas. Más concretamente la Soyuz fue a caer sobre la ladera de una montaña cubierta de nieve, por la que fue rodando hasta que los cordajes del paracaídas se engancharon entre la arboleda, frenándola de esta manera cuando ya estaban al borde de un precipicio. Ambos cosmonautas sufrieron graves lesiones internas debido a la reentrada y la posterior caída, hasta el punto de que Lazarev no volvería más a volar.
Pocas horas después, los cosmonautas y su nave eran rescatados por helicópteros del ejército soviético en una misión más propia de una situación de guerra. La versión oficial diría que la cápsula había sido recogida en las montañas Altai, pero en territorio soviético. Afortunadamente, los chinos no se enterarían de esta acción.
A pesar de tantas calamidades y debido a que no llegaron a alcanzar la órbita, a los cosmonautas en un principio se les denegó la prima de 3.000 rublos que el estado concedía a todos aquellos que volaban al espacio. Tuvieron que llegar con su súplica hasta el mismísimo Brezhnev para que les fuera concedida.
En occidente se conocería esta misión como la “Soyuz 18A”, quedando el nombre de “Soyuz 18B”, para la que sería oficialmente llamada por los soviéticos como la “Soyuz 18”. Es de destacar en esta misión el perfecto funcionamiento de los componentes de la nave en casos extremos, gracias a los cuales no se produjeron desgracias personales.

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martes, 30 de agosto de 2011

¿De quién es el cielo?

En verde los paises firmantes del Tratado del Espacio Exterior. En amarillo los paises pendientes de su ratificación.

La evolución de los acontecimientos a principios de los años sesenta hacían prever que las fronteras del mundo se estaban expandiendo. Tanto Soviéticos como Norteamericanos estaban saliendo al espacio exterior con naves que incluso en ocasiones iban tripuladas. Pronto se comprendió que en todo lo relacionado con el espacio había un vacío legal que urgía reglamentar. Cuando el hombre llegara a la Luna a quien iba a pertenecer: ¿Al primero que llegara?, ¿Al primero que se asentara en ella? Y las órbitas de la Tierra, en especial la geoestacionaria que tanta importancia tiene. ¿De quién serían? Era inminente que antes de que la cosa fuera a más, había que dejar claro los derechos y deberes de todos los países en relación al espacio exterior.
Rápidamente la ONU tomó cartas en el asunto y ya en 1963 promulgó el primer tratado relacionado con el espacio, al que se refería someramente prohibiendo todo tipo de pruebas de armas nucleares en la atmósfera, el espacio exterior y bajo los océanos. Este primer tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares no se puede decir que haya sido respetado por los países firmantes, dada su importancia como arma, sin embargo ayudó a que se limitaran tales experimentos.
De cualquier manera, lo que podemos considerar como el primer tratado del espacio no se publicó hasta 1967, y aquí sí que se redactaron los primeros principios que deberían gobernar las actividades de los estados en cuanto a la exploración y uso del espacio exterior, incluyendo la Luna y otros cuerpos celestes. A este tratado se le denominó: “Tratado del Espacio Exterior”, y fue el punto de partida para cuatro tratados mas, que terminarían de cubrir el vacío legal existente.
Básicamente el espacio se presenta como un bien común. Nadie puede apropiarse de él ni de sus recursos, es básicamente un paraje al cual tiene derecho toda la humanidad. Ningún país ni persona física podrá impedir a otro el acceso a un astro por intereses especiales. Ni nadie podrá reclamar soberanía alguna sobre territorios exteriores a la Tierra. Los recursos naturales de la Luna, por ejemplo, podrán ser explotados de forma discreta, pero nadie podrá considerarlos suyos por simple ocupación.
El artículo tres del Tratado dice que tanto la Luna como cualquier otro astro se utilizará exclusivamente con fines pacíficos. De esta manera, ni en la Luna, ni en sus órbitas, ni en las de la Tierra, podrán instalarse todo tipo de armas y fortificaciones militares. Haciendo especial mención a las armas nucleares y de destrucción masiva.
En el artículo cinco, los países firmantes se comprometen a informar al Secretario General de las Naciones Unidas, así como al público en general y a la comunidad científica internacional, de sus actividades relativas a sus exploraciones. Naturalmente, los países no siempre cumplen con esta norma, como ocurre con las misiones militares. De igual manera se comprometen a informar de cualquier fenómeno que descubran en el espacio ultraterrestre que pueda poner en peligro la vida o la salud humanas, así como cualquier indicio de vida orgánica. Quedan por lo tanto descartadas las leyendas urbanas de posibles apariciones de seres extraterrestres, que son ocultadas por los gobiernos para no sembrar el pánico entre la población.
Un aspecto de relevante importancia lo tiene la órbita geoestacionaria, la cual debe de ser regulada para que cualquier país que lo desee pueda tener acceso a ella. De esta manera organismos espaciales deben determinar dónde se pueden colocar satélites. A tal efecto países pobres sin aspiraciones en este sector, acceden a alquilar o ceder sus posiciones geoestacionarias a otros países a cambio de una compensación, hasta tal punto que estas órbitas ya son objeto de especulación por parte de países o empresas interesadas.
En cuanto al factor humano en el espacio, los astronautas son considerados enviados de toda la humanidad. Por eso en caso de accidente o peligro deben de ser asistidos en lo posible, dándoles si fuera preciso refugio en sus instalaciones. Un aterrizaje de emergencia en alta mar o en territorio de otro país no debe ser considerado un acto de agresión, sino todo lo contrario. En el caso de hallarse una nave o un satélite perdido o extraviado, estos deberán retornarse a su propietario.
En el momento en que algunos países comenzaron a hablar sobre la explotación de recursos naturales en la Luna, se tuvo que definir un poco más las vaguedades del tratado de 1967, implantando el 12 de Julio de 1984 un nuevo tratado, que precisara en qué términos se puede explotar nuestro satélite o cualquier otro cuerpo del espacio. Dicho tratado se conoce como “Acuerdo sobre la Luna”, de tal manera que si la humanidad vuelve allí deberá regirse por este acuerdo.
En definitiva, en el momento que el ser humano se adentra en el espacio, el mosaico de fronteras que cubre la Tierra deja de ser tal para convertirse en una sola nación, y afrontar así todas las vicisitudes que plantea la exploración espacial.

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lunes, 23 de mayo de 2011

El telescopio. La trama de su invención.


Siempre que se habla del telescopio, inconscientemente tendemos a relacionarlo con Galileo, hasta el punto de atribuirle su invención. Nada más lejos de la realidad, puesto que Galileo lo único que hizo fue solamente apuntar el telescopio hacia el cielo consiguiendo así comprender nuestra situación en el Universo. De todas formas resulta triste ver como muchos de los inventos de la humanidad no son atribuidos a sus autores, sino a listillos y aprovechados que supieron gestionar mejor una gran idea.

Tradicionalmente la invención del telescopio es atribuida al óptico holandés Hams Lippershey, el cual el 2 de octubre de 1608 solicita en Holanda la patente de un artilugio óptico que permite ver de cerca lo que está lejos. Pero a raíz de la publicación del historiador Nick Pelling (en la foto) en la revista británica “History Today” basándose en datos perfectamente contrastados, la duda sobre su invención se vuelve a suscitar, atribuyéndola con bastante buen criterio al óptico catalán Juan Roget.

Las investigaciones de Pelling parten del estudio previo e inacabado del doctor J. M. Simón de Guilleuma, el cual afirma que Roget ya había construido un telescopio en la última década del siglo XVI. Para ello se basa en la obra científica del óptico milanés y discípulo de Galileo, Girolamo Sirtori, en la que relata el encuentro que tuvo en Gerona en 1609 con un anciano óptico de origen francés llamado Juan Roget. Quien le mostró un telescopio enmohecido por el tiempo y las fórmulas anotadas en un libro que había escrito, gracias a las cuales Sirtori confiesa que pudo perfeccionar sus experimentos y redactar las tablas que reproduce en dicha obra.

Pero las indagaciones de Guilleuma van mucho más allá, ya que hurgando en los archivos municipales de Gerona y Barcelona, descubre el legado testamentario de fecha 1593 de Pedro de Carolona a su esposa, por el que le cede una “ullera de llauna per mirar de lluny”, teniendo la palabra “ullera” el significado de monóculo y que después fue usada para nombrar al telescopio. O sea, algo así como un catalejo para mirar de lejos. Pero la cita más interesante y que luego va a dar lugar a la trama de Pelling es cuando encuentra la relación de bienes de Jaime Galvany que procedieron a ser subastados el 5 de septiembre de 1608, y entre los que aparece de nuevo una ullera.

Pero lo más curioso del caso es que como dijimos antes, el 2 de octubre Lippershey presenta en secreto el invento en la oficina de patentes, y los días 14 y 17 del mismo mes, dos holandeses: Jacob Metius y Zacharias Janssen, presentan sendas patentes de objetos similares. Lo cual da lugar a pensar que se copiaron, ya que resulta muy raro, y mucho más en aquellos tiempos, que en dos semanas se presenten tres patentes similares.

A esta situación hay que añadir las declaraciones del hijo de Janssen el cual cuenta como su padre copió un diseño de un artilugio que había comprado y datado de 1590.

Con todos estos datos perfectamente contrastados, Pelling desarrolla la siguiente hipótesis: Parece ser que un mercader anónimo se hizo con el telescopio de Galvany en la subasta de bienes, el cual lo presentó días después en la feria de Frankfurt de novedades científicas. Para proceder a su venta se asocia con Janssen, el cual se da cuenta de la importancia del instrumento por lo que le pone un precio desorbitado. Al no ser vendido el telescopio vuelve a España, pero Janssen se queda con la idea y para proceder a su construcción pide ayuda a los ópticos Lippershey y Metius, sin darse cuenta que a la vez está propagando su secreto. Al estudiar el problema cada uno por separado se dan cuenta de que están ante la gallina de los huevos de oro, por lo que deciden patentarlo en secreto cada uno por su cuenta, adelantándose Lippershey por unos días, y privando así de la gloria al óptico gerundense Juan Roget.

Es obvio que el telescopio ya existía en España antes de ser patentado en Holanda en 1608, de todas formas también existen datos mucho más antiguos por los que según una leyenda tradicional japonesa describe como unos gigantes de pelo rojo y rubio saquean Japón con la ayuda de un tubo a través del cual se puede ver a miles de kilómetros.

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jueves, 21 de abril de 2011

La decepción de los ovnis sobre Madrid


En los años 50 y 60 los avances científicos en el ámbito de la exploración espacial fueron tan grandes, que la gente se planteó el hecho de que si bien nosotros podíamos viajar al espacio, por qué no podían hacer lo mismo otras hipotéticas civilizaciones extraterrestres. De esta manera la gente de la calle siempre estaba predispuesta a creer todo tipo de elucubraciones referentes a la aparición de naves procedentes del espacio exterior.
A partir de 1957, tras el lanzamiento por Korolev del primer satélite a la órbita espacial, el entorno de la Tierra se vería saturado de todo tipo de artefactos que podían dar lugar a las más inverosímiles confusiones, y no digamos nada si estos estaban envueltos en algún tipo de secretismo especial.
En este ambiente proconspiranoico ocurre esta anécdota que cuenta el doctor en Ciencias Físicas, Sr. Luis Ruiz de Gopegui , cuando en 1973 trabajaba en la estación de seguimiento de Cebreros, muy próxima a la de Robledo de Chavela en Madrid. El trabajo de esta estación consistía en el apoyo a algunas misiones espaciales interplanetarias de la Nasa, como la sonda Mariner 10 dirigida hacia Venus y Mercurio, y la Pioner 10 encaminada a Júpiter. Una vez terminada su misión, la Pioner continuaría un viaje sin retorno adentrándose en las inmensidades del espacio.
Pensando en esta segunda etapa del viaje, los científicos consideraron oportuno enviar mensajes grabados en una placa con el objeto de que algún día pudiera ser interceptada por alguna civilización extraterrestre. En Cebreros se vivía un ambiente que se traducía en constantes discusiones sobre la posibilidad de vida inteligente en nuestra galaxia. En medio de aquel caldo de cultivo, en febrero de aquel mismo año se empezaron a recibir en la estación unas señales extrañas que interferían con las operaciones de seguimiento, deteriorando la telemetría que se recibía de las citadas sondas. Esta situación era bastante habitual, ya que incluso en aquellos años el cielo estaba plagado de todo tipo de satélites, o naves que constantemente interferían en los trabajos en curso. Normalmente no es difícil identificar la procedencia de estas señales, puesto que todos suelen estar perfectamente catalogados. Además, existen una serie de acuerdos amistosos, por los cuales cuando un país interfiere a otro, la agencia espacial que posee la nave o satélite interferido, solicita que se apaguen las transmisiones causantes de la interferencia durante los periodos críticos en los que la sonda debe efectuar maniobras importantes.
Lo primero que se hizo en Cebreros fue intentar identificar la procedencia de las señales, para lo que existen catálogos especiales con las principales características de los artefactos situados en el espacio exterior. Sin embargo la concienzuda búsqueda no dio ningún resultado positivo, por lo cual se recurrió al centro de control de la Nasa en Pasadena. Pero a pesar de las constantes llamadas telefónicas, teletipos y mensajes, los colegas de Pasadena no aportaban ningún tipo de soluciones al problema. Ya habían pasado más de dos meses y aquella situación seguía subsistiendo, con la consiguiente desesperación de los empleados de Cebreros, por lo que se solicitó al Dr. Manuel Bautista, entonces director de los proyectos de la Nasa en España que hiciera las gestiones a mas alto nivel, con el fin de acabar con aquel molesto problema.
Mientras tanto, los empleados de la estación de Cebreros disparaban su imaginación especulando sobre la hipótesis de naves extraterrestres que vigilaban nuestra civilización.
El Sr. Bautista expuso el problema al general Truszynski, entonces Administrador Asociado de la Nasa para Redes de Seguimiento de Vehículos Espaciales, el cual pasadas un par de semanas aún no había dado la mas mínima respuesta. Mientras tanto las especulaciones en Cebreros aumentaban, discutiendo sobre la posibilidad de que aquellas señales pudieran ser de origen extraterrestre.
Pasado un mes, Bautista volvió a llamar a Truszynski, el cual respondió escuetamente a las preguntas de Bautista: “Manuel no me vuelvas a molestar con las malditas señales, en Madrid tenéis que aprender a vivir con ellas… ¿Ok?” Bautista asombrado insistió: “Si…, pero…, es que resulta… que…” A lo que Truszynski respondió con rotundidad: “Manuel, las señales provienen de uno de nuestros satélites de nuestro Ministerio de Defensa, no pienso hacer nada por resolver vuestro problema. ¿Satisfecho?” Bautista comprendió rápidamente lo que estaba ocurriendo, las interferencias provenían de uno de los satélites espía de los Estados Unidos, que no estaban incluidos en los catálogos públicos de objetos espaciales. Los satélites espías tienen una vida muy corta por lo que las señales desaparecieron pocos días después. El morbo desatado en Cebreros dio paso a la decepción de todos aquellos que ya querían ver más allá de la realidad.

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miércoles, 30 de marzo de 2011

Isaac Newton y la desmitificación de una leyenda.


Es inevitable cuando se habla de Isaac Newton, acordarse de la famosa anécdota del árbol y la manzana que se desprende de él arrastrada por una fuerza oculta hacia el centro de la Tierra. Tal anécdota es comentada por Votaire en su obra: “Philisophie de Newton” de 1738, en el que dice: “Cuando Isaac Newton vio caer la manzana del árbol, entró en una profunda meditación acerca de la causa que arrastra todos los cuerpos siguiendo una línea, que si se prolongara pasaría cerca del centro de la Tierra".
En ninguna de las obras de Newton se hace referencia a que esa experiencia le hiciera meditar sobre la Ley de la Gravedad, por lo que es más que probable que esa anécdota jamás existiera y fuera simplemente una leyenda.

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viernes, 25 de febrero de 2011

Wernher von Braun: Un pasado oscuro


Por si alguien no conoce la figura de Wernher von Braun les diré que fue el auténtico motor del programa espacial norteamericano. Fue una persona con un gran carisma, y fundamentalmente con unas dotes de liderazgo que entusiasmaría a militares, y arrastraría a políticos y científicos en pos de sus sueños de juventud. Pero no solo esto, sino que en los años sesenta embarcaría a toda la nación norteamericana en una aventura vivida en directo a través de la televisión. Un programa espacial requiere de la participación de miles de personas, de no haber existido von Braun, el programa estadounidense se hubiera llevado a cabo igualmente, pero posiblemente con un retraso de más de diez años.
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Wernher von Braun nació en Wirsitz, entonces Alemania, hoy Polonia, el 23 de Marzo de 1912, en el seno de una familia de la nobleza alemana. Desde muy joven sintió un gran interés por la astronomía que derivaría después, a raíz de las lecturas de Julio Verne, en lo que sería su afición a la cohetería y al espacio. Para lograrlo se haría un experto en matemáticas y física, doctorándose en la Universidad de Berlín. Dado que su sueño era viajar a la Luna, pronto comprendió que tal empresa requería de una fuerte financiación con la que no contaba, por ello se alió con el floreciente régimen nazi que le daría todo tipo de facilidades a cambio de la creación de potentes misiles capaces de alcanzar cualquier punto del mundo. De esta manera se crearían los primeros misiles balísticos (“V2”) con los que Alemania bombardearía ciudades como Londres, París o Amberes durante la II Guerra Mundial.
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Al finalizar la contienda, Braun junto con otros 116 ingenieros y científicos alemanes, fueron reclutados por el ejército norteamericano, dándoles así un impulso vital al programa militar de misiles y espacial. Como cualquiera que viva media vida en un sitio y la otra en otro, nunca termina encajando plenamente en ninguno de los dos, Wernher von Braun terminó sintiéndose norteamericano, pero este sentir no fue correspondido por todos los ciudadanos, que lo repudiaron constantemente. Su participación directa en la fabricación de V2, y la constancia de que conoció el campo de concentración de Buchenwald y la factoría de Mittelwerk sin mover un solo dedo por evitar las atrocidades que allí se estaban cometiendo, fue algo que no solo le acarreó los odios de un sector de los estadounidenses, sino que le dejó una secuela sicológica que le atormentaría toda la vida.
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Recreación cinematográfica de conferencia de Wernher von Braun el el Club Rotario de El Paso, donde es recriminado por sus actuaciones en la II Gerra Mundial.

El pasado de Wernher von Braun fue ampliamente investigado por el FBI sin que nunca pudieran acusarlo formalmente de nada. Pero es cierto que a los Estados Unidos les interesaba enormemente cerrar los ojos y contar con sus conocimientos. También hay que tener en cuenta que fue investigado por el gobierno británico y alemán, los cuales no tenían estos condicionantes, siendo declarado inocente en todos los casos. De igual manera asociaciones de cazadores de nazis como la de Simón Wiesenthal obviaron la figura de Wernher von Braun.
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Es el día de hoy que la vida de este personaje, considerado como uno de los más importantes de la historia del siglo XX, sigue teniendo una gran controversia en los Estados Unidos. Pero habría que analizar su situación bajo la perspectiva de los acontecimientos que se sucedieron aquellos años. Hay que tener en cuenta que su nación estaba en guerra y que la misión que esta le encomendó fue la creación de misiles. Por otro lado, no cabe la menor duda que si hubiera salido en defensa de los prisioneros de los campos de concentración habría salido muy mal parado. De cualquier manera, de no haber colaborado con los nazis otro sería el que lo hubiera hecho, y la historia hubiera sido prácticamente la misma.
Entre Estados Unidos y Wernher von Braun existió siempre una simbiosis de la que ambos se beneficiaron. Siempre estaría muy agradecido a las facilidades que esta nación le dio profesionalmente. Debilitado por un cáncer le fue concedida por el presidente Gerald Ford la Medalla Nacional de la Ciencia, máxima condecoración del gobierno estadounidense a un científico, la cual le hizo llegar su amigo y jefe el teniente coronel Edward Uhl. Emocionado y dirigiéndose a su mujer María le dijo: “¿Verdad que este es un gran país? Vine aquí con todo lo que tenía metido en una caja de cartón, en una situación intermedia entre antiguo enemigo y futuro ciudadano, y me dieron todas las oportunidades de la ciudadanía. Este país me ha tratado tan bien…Y ahora el presidente me concede este alto honor…”
Pero a pesar de su fuerte carácter, aquellos horrorosos años de la Segunda Guerra Mundial le marcaron profundamente, mostrándose siempre en defensa de los derechos humanos, no solo los de sus empleados y amigos, sino apoyando los movimientos en defensa de los derechos civiles de los negros. Su gran amigo Ernest Stühlinger, recordaría como en alguna de sus visitas le preguntaría si creía que había hecho lo correcto al desarrollar armas de guerra con el objetivo de llevar adelante su sueño espacial. Parece ser que esta misma pregunta se la haría a otros de sus muchos amigos en los momentos cercanos a su muerte. Esto nos lleva a pensar que aquellos remordimientos le acompañaron toda la vida.
Pero no solo la creación de armas de muerte le traumatizaría, sino que se sintió profundamente afectado por las atrocidades contempladas en los campos de concentración. En cierta ocasión llegaría a decir: “Años de exposición directa al régimen de Hitler y sus excesos me han enseñado algunas lecciones inolvidables y me han convertido en un sólido opositor a cualquier forma de gobierno que pueda privar a un hombre de su dignidad humana”. Lógicamente cabe pensar que estas palabras pudieran haber sido dichas para lavar su imagen en aquel momento.
Resulta muy complicado valorar la actuación de Wernher von Braun en aquellos difíciles años de guerra. Lo que está muy claro es que su comportamiento fue similar al de miles y tal vez millones de personas, que trataban de salvar sus vidas en aquellos convulsos años de guerra, lo que pasa es que sus vidas no tuvieron la trascendencia que tuvo la suya. Solo el tiempo y la historia pondrán a Wernher von Braun en el sitio que le corresponde.

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viernes, 11 de febrero de 2011

Soyuz 11. El retorno mas triste.


A principios de los años setenta, los soviéticos orientaban la exploración espacial hacia la instalación de estaciones en la órbita terrestre que les permitieran adquirir la experiencia suficiente de cara a misiones futuras de alta envergadura. Para ello el 19 de abril de 1971 lanzaban al espacio la primera estación espacial denominada Salyut 1. En un primer intento por parte de la Soyuz 10 de intentar ocuparla, se tuvo que desistir debido a fallos técnicos en el sistema de acoplamiento. En un nuevo intento con la Soyuz 11, los cosmonautas: Giorgi Dovrovolsky, Viktor Patsayev y Vladislav Volkov, consiguieron entrar en la estación y permanecer en ella un espacio record de 24 días.
Como era habitual en el sistema soviético, las misiones espaciales se programaban de forma ultra secreta, desconociendo la mayoría de las veces hasta sus mismas familias los entresijos de las misiones. Ni siquiera había ocasión para despedirse, puesto que los familiares de los cosmonautas se enteraban de los lanzamientos cuando estos ya estaban en pleno vuelo. Una vez en órbita, las comunicaciones se realizaban a través de grabaciones en cintas magnetofónicas que las esposas e hijos grababan previamente y luego eran enviadas (una vez pasada la censura), uno o dos días después a los cosmonautas. Estos a su vez, grababan sus mensajes mediante una cámara de televisión que eran entregados un tiempo después a sus familiares.
La estancia prolongada en la estación espacial, hizo que comenzaran a producirse los primeros enfrentamientos de convivencia en el espacio, hasta el punto de que el retorno de la misión tuvo que adelantarse unos días. Solo los breves mensajes que recibían de sus familiares servían de relajación a los tres cosmonautas que los últimos días vivían situaciones de una gran tensión.
Es el día de hoy que Marina, la hija mayor de Dobrovolsky, que en aquel entonces contaba con 12 años, aún recuerda lo mucho que echaba de menos a su padre, “Quería que volviera a casa”, aún recuerda con tristeza. Para Patsayev, el deseo de volver a casa era igual de fuerte, en las grabaciones recibidas pudo oir a su hija Svetlana tocarle una canción al piano, luego le describió su trabajo en clase y lo bien que se estaba portando, lo cual le llenó de orgullo. Por su parte Volkov, que había tenido desavenencias con sus compañeros deseaba retornar a tierra cuanto antes. Se llegó a comentar que unos días antes del vuelo de la Soyuz 11, había visitado a un vidente que le predijo que esta sería su última misión espacial. Fuese verdad o mentira lo mejor era volver cuanto antes con su mujer e hijos.
Por fin el 29 de junio de 1971, los tres cosmonautas se acomodaban en la Soyuz para iniciar el viaje de descenso. El primer incidente se produjo cuando al cerrar la escotilla que les separaba de la estación, la luz de seguridad que indicaba el correcto sellado de la capsula no se apagaba, indicando que aún permanecía abierta, lo cual podía producir una descompresión de la Soyuz y una muerte inmediata por asfixia de los tripulantes. Tras varios intentos y pasados más de veinte minutos, por fin consiguieron cerrar la escotilla y que la luz se apagara, añadiendo más tensión a una tripulación con los nervios a flor de piel. Siguiendo los protocolos pertinentes, pasados unos minutos, ambas naves se separaron y la Soyuz encendió los retrocohetes que la harían poco a poco comenzar el descenso de retorno.
Una vez frenada la nave y con el camino de retorno ya trazado, los módulos de servicio y orbital se separaban del de descenso mediante explosiones pirotécnicas que arrancaban los anclajes que las unían. En este momento comenzó a oírse un silbido similar al de una olla a presión, era evidente que la capsula se estaba descomprimiendo. El silbido les entraba por los micrófonos y les salía por los auriculares, dificultando así su localización. Rápidamente Dobrovolsky quitó su cinturón de seguridad y se abalanzó sobre la escotilla, pensando que ésta aún no estaba bien cerrada. Volkov y Patsayev también desabrocharon sus cinturones intentando localizar el lugar por donde se estaba descomprimiendo la capsula. El problema lo encontraron en una válvula alojada bajo el asiento de Dobrovolsky, trataron de cerrarla de forma manual, pero ya era demasiado tarde. Los cosmonautas empezaban a perder el raciocinio, unos segundos después perdían el conocimiento y un par de minutos después habían muerto. La muerte de los tres cosmonautas se había producido no solo por asfixia, sino también por el estallido de los vasos y órganos internos ante la ausencia de presión exterior. Resulta curioso, pero debido al nerviosismo, los cosmonautas no tuvieron la simple ocurrencia de tapar con un dedo la válvula mientras procedían a cerrarla manualmente.
La nave Soyuz continuó su descenso de forma automática, abriendo su paracaídas y encendiéndose los retrocohetes al contacto con el suelo. Durante estos trágicos momentos no se habían mantenido conversaciones con los cosmonautas debido a encontrarse la nave fuera de la cobertura radiofónica que en aquel entonces no alcanzaba la totalidad de la órbita terrestre, mas tarde también se entraba en la zona de pérdida de comunicaciones por la reentrada, con lo que el control de tierra no tuvo constancia de lo que estaba ocurriendo. Una vez la capsula tocó tierra, los controladores empezaron a sentir que algo no iba bien, debido al silencio en las comunicaciones. Poco después llegaban los equipos de rescate, y cuando abrieron la escotilla encontraron a los tres hombres muertos.
La causa oficial del accidente informa sobre la apertura de una válvula en el momento de la separación con el módulo orbital, que produjo la descompresión de la Soyuz. Durante los dos años siguientes, los soviéticos llevaron a cabo un importante rediseño de la nave Soyuz, limitando las tripulaciones a dos hombres y utilizando trajes espaciales en las maniobras de ascenso y descenso.
Muy lentamente el aperturismo estaba llegando a la Unión Soviética y ya resultó muy difícil ocultar el accidente, como lo habían hecho en otras ocasiones, por lo que resultó aún más doloroso debido a la trascendencia pública que tuvo. Los tres cosmonautas recibieron sepultura en la Plaza Roja con todos los honores.
Para las esposas y los hijos de los cosmonautas sus vidas cambiaron por completo. Marina Dobrovolsky recuerda al Historiador Robert Zimmerman: “Toda nuestra vida cambió…, antes mi infancia era luminosa y feliz , después todo fue oscuridad y tragedia…” El fracaso de la misión hizo que muchos de los participantes del programa espacial se sintieran avergonzados, y en consecuencia, las familias de los fallecidos fueron abandonadas por los amigos e ignoradas por la pequeña y cerrada comunidad espacial en la que vivían. Algunas de las esposas no pudieron llegar a superar la pérdida y el abandono. Como diría la hija de Dobrovolsky: “Mi madre murió de tristeza…”. video

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viernes, 21 de enero de 2011

El carguero Progress


Cuando la Carrera Espacial llegó a su fin, los soviéticos miraron hacia otro lado como si aquella pugna tácita no hubiera ido con ellos. En octubre de 1969, Brezhnev manifestaría abiertamente en el Kremlin que los objetivos de la exploración espacial soviética nunca se habían dirigido a poner un hombre sobre la superficie lunar, sino a la creación de estaciones espaciales, con las que adquirirían la experiencia suficiente que los llevara a metas mayores. Hoy en día con la desaparición de la U.R.S.S. sabemos perfectamente que los soviéticos contaban con un gran programa lunar, que los llevara al satélite antes que los americanos para seguir mostrando al mundo su potencial tecnológico.
Heridos en su amor propio centraron su actividad en la creación de estaciones espaciales, lo cual les llevó a ser unos expertos en el tema, lo que serviría de referente en la construcción de la Estación Espacial Internacional.
Los soviéticos pondrían en órbita siete estaciones Salyut, para terminar con la exitosa estación MIR. Las estancias de los astronautas en el espacio se iban prolongando cada vez más, hasta que llegó el momento con la Salyut 6 en que se vio la necesidad de crear un vehículo automático que sirviera de reabastecimiento de víveres y combustible a las estaciones.
Siguiendo con la política conservadora soviética, estos se limitaron a adaptar la nave Soyuz a las nuevas necesidades. La nave Soyuz está formada por tres módulos; el de servicio, el de descenso y el orbital (véase: Soyuz 5). El módulo de servicio está formado por toda la parte mecánica de la nave, la cual no regresa a la Tierra ya que se desprende del resto de la nave y se desintegra con la entrada en la atmósfera. El segundo módulo es el de descenso, que es el compartimento donde viajan los astronautas. Y por último el módulo orbital que sirve a modo de estancia a los cosmonautas para realizar experimentos, o de almacén, este módulo tampoco retorna a tierra.
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La nueva nave de reabastecimiento soviética, denominada Progress, tiene un aspecto exterior similar a la Soyuz. El módulo de servicio sigue siendo igual al de la Soyuz, en un principio la única excepción era la ausencia de los dos paneles solares, que debido al menor consumo de energía fueron sustituidos por baterías, las cuales podían ser recargadas con los sistemas de la estación espacial a la que era atracada. Hoy en día se ha vuelto al uso de paneles solares para el abastecimiento de energía propio. El módulo de descenso en este caso se convierte en un gran depósito de combustible, que servirá de abastecimiento de propulsante a la estación espacial, con una capacidad de casi mil kilos. Y por último el módulo orbital es una zona presurizada donde acceden los cosmonautas de la estación para proceder a la extracción de aproximadamente 1.400 kilos de comida, aire, agua, y demás objetos que puedan ser necesarios en la estación. Una vez vaciado este compartimento, se comunica mediante unas mangueras el módulo de descenso con los depósitos generales para proceder a la extracción del combustible. Terminada toda la operación, el módulo orbital es llenado con todos los materiales de desecho: basura, excrementos, etc. Desintegrándose la nave al completo contra la atmósfera terrestre, ya que no dispone de sistema de retorno. Hasta la llegada de la Progress, todos los desechos se tiraban al espacio, quedando estos alrededor de la nave largo tiempo, hasta que se disipaban, creando así un entorno de basura espacial muy peligroso. Con esta nueva filosofía de reabastecimiento se crearían a partir de este momento todas las estaciones espaciales, disponiendo todas ellas de más de un puerto de atraque.
A la izquierda nave Soyuz atracada en la Estación Espacial Internacional, a la derecha carguero Progress. Quizás la diferencia mas visible de estas dos naves son las vantanas de la Soyuz en el módulo de descenso.

En este momento, además de la función de reabastecimiento, la Progress también cumple con la misión de elevar periódicamente a una órbita superior la Estación Espacial Internacional. Debido al rozamiento con las capas altas de la atmósfera, esta pierde velocidad con la consiguiente caída de órbita, la cual es recuperada o bien con la ayuda del Transbordador Espacial norteamericano, o mediante los motores del módulo Zvezda, o mediante la misma Progress.
Con más de treinta años, la nave Progress sigue estando activa, ya que en la actualidad sube unas cuatro o cinco veces al año a llevar víveres a la Estación Espacial Internacional, siendo su operatividad todo un éxito de la astronáutica. video
Introducción de una nave Progress en el carenado aerodinámico que la acompañará hasta salir de la atmósfera. Posteriormente su montaje sobre el cohete y traslado a la plataforma de lanzamiento.

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